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Parroquia San Ignacio de Loyola (Torrelodones)

19 de febrero del 2017

VII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO (Ciclo A)

“Amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen”

 

DESDE LA ATALAYA

de la Virgen del Carmen

Todos los meses, al menos una vez, nos encontramos todos los curas del Arciprestazgo. Nos reunimos en una de las 14 Parroquias que lo constituimos: Torrelodones, Hoyo de Manzanares, Las Matas, Las Rozas, Majadahonda y Villanueva del Pardillo. Este jueves, le tocaba a la Parroquia de Hoyo acogernos, con un retiro que nos predicó D. Luis, Capellán Castrense de la Academia de Ingenieros. Meditación, una hora de silencio en adoración y comida. No hay nada que nos una más a los curas, que rezar juntos. En esa hora sagrada no mirábamos nuestras diferencias, manías personales o diversos puntos de vista: le mirábamos a Él. Y lo más alucinante: Él nos miraba y amaba nuestra unidad. Os confieso, que al principio se me hacían pesadas, pero ahora me siento cada año más unido a estos hermanos sacerdotes, con los que Cristo me ha puesto, sin haberlos elegido yo, para sostenernos en nuestro seguimiento de Cristo. La eucaristía que cada domingo nos convoca, expresa también esa unidad en la diversidad. Anoche, con algunos matrimonios de la Parroquia, tuve la oportunidad de ver la última película de Paco Arango, “Lo que de verdad importa”. Os la recomiendo. Paco -a quien ya conocemos en nuestra comunidad por el precioso coloquio que nos obsequió después de su película Maktub- es experto en llenar de significado y cargar de misterio la vida cotidiana de la gente. Como el protagonista de la película -cargado de miserias, egoísmos y pecados- también nosotros “nos hemos sentido raros alguna vez”, invadidos por una fuerza que no nace de nosotros. Esa fuerza, que nos permite ser santos, perfectos, como nuestro Padre Celeste es Santo, perfecto. Con esa fuerza que se nos infunde de lo alto y nos alcanza el amor a nuestros enemigos: el signo más sublime de lo divino en nosotros. Y en el mundo. En comunión, vuestro párroco.
 

¿Dónde están los hijos?

“La familia no puede renunciar a ser lugar de sostén, de acompañamiento, de guía, aunque deba reinventar sus métodos y encontrar nuevos recursos. Necesita plantearse a qué quiere exponer a sus hijos. Para ello, no se debe dejar de preguntarse quiénes se ocupan de darles diversión y entretenimiento, quiénes entran en sus habitaciones a través de las pantallas, a quiénes los entregan para que los guíen en su tiempo libre. Sólo los momentos que pasamos con ellos, hablando con sencillez y cariño de las cosas importantes, y las posibilidades sanas que creamos para que ellos ocupen su tiempo, permitirán evitar una nociva invasión. Siempre hace falta una vigilancia. El abandono nunca es sano. Los padres deben orientar y prevenir a los niños y adolescentes para que sepan enfrentar situaciones donde pueda haber riesgos, por ejemplo, de agresiones, de abuso o de drogadicción.

Pero la obsesión no es educativa, y no se puede tener un control de todas las situaciones por las que podría llegar a pasar un hijo. Aquí vale el principio de que «el tiempo es superior al espacio» Es decir, se trata de generar procesos más que de dominar espacios. Si un padre está obsesionado por saber dónde está su hijo y por controlar todos sus movimientos, sólo buscará dominar su espacio. De ese modo no lo educará, no lo fortalecerá, no lo preparará para enfrentar los desafíos. Lo que interesa sobre todo es generar en el hijo, con mucho amor, procesos de maduración de su libertad, de capacitación, de crecimiento integral, de cultivo de la auténtica autonomía. Sólo así ese hijo tendrá en sí mismo los elementos que necesita para saber defenderse y para actuar con inteligencia y astucia en circunstancias difíciles. Entonces la gran cuestión no es dónde está el hijo físicamente, con quién está en este momento, sino dónde está en un sentido existencial, dónde está posicionado desde el punto de vista de sus convicciones, de sus objetivos, de sus deseos, de su proyecto de vida. Por eso, las preguntas que hago a los padres son: «¿Intentamos comprender “dónde” están los hijos realmente en su camino? ¿Dónde está realmente su alma, lo sabemos? Y, sobre todo, ¿queremos saberlo?”
 

De la Exhortación Apostólica
AMORIS LAETICIA del Santo Padre Francisco

 

FESTIVIDAD DE LA CATEDRA DEL APÓSTOL SAN PEDRO – 22 de febrero

El próximo miércoles 22 de febrero, la Iglesia celebra la festividad de la cátedra de San Pedro, una fiesta que, en palabras de san Juan Pablo II “subraya el singular ministerio que el Señor confió al jefe de los apóstoles, de confirmar y guiar a la Iglesia en la unidad de la fe. En esto consiste el ministerium petrinum, ese servicio peculiar que el obispo de Roma está llamado a rendir a todo el pueblo cristiano. Misión indispensable, que no se basa en prerrogativas humanas, sino en Cristo mismo como piedra angular de la comunidad eclesial”.

El Papa Emérito Benedicto XVI también se refirió a la fiesta en estos términos: “La cátedra de San Pedro, representada en el ábside de la basílica vaticana por una monumental escultura de Bernini, es símbolo de la misión especial de Pedro y de sus sucesores de pastorear el rebaño de Cristo, manteniéndolo unido en la fe y en la caridad. Ya a inicios del siglo II, san Ignacio de Antioquía atribuía a la Iglesia que estaba en Roma un singular primado, saludándola, en su carta a los Romanos, como la que «preside en la caridad». Esta función especial de servicio le viene a la comunidad romana y a su obispo por el hecho de que en esta ciudad derramaron su sangre los apóstoles Pedro y Pablo, así como otros muchos mártires. Volvemos, así, al testimonio de la sangre y de la caridad. La cátedra de Pedro, por lo tanto, es ciertamente un signo de autoridad, pero de la autoridad de Cristo, basada en la fe y en el amor».
 

OTRA INFORMACIÓN DE INTERÉS

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